ENTRE LÍNEAS
Los bueyes del señor Presidente
Por Roger Marín Neda
La debilidad y complacencia de la oposición con el gobierno durante cuatro años explica en gran medida la crisis actual. Ninguno de los actores del drama político quiere asumir su responsabilidad en lo que pasa, y el diálogo nacional convocado por el gobierno parece fracasado antes de comenzar. Este es el momento de hacer entre todos una concertación nacional franca, incluyente y pragmática para salir de la crisis y evitar que se convierta en un conflicto de proporciones ingobernables, como ocurre en el vecindario.
__“En este gobierno preferimos gente joven”, anunció el Ministro. La expresión dolió a un profesional presente, cachureco, de antigua tradición familiar, quien preguntó al Ministro: -“Usted que es del campo, ¿Sabe cómo se arma una yunta de bueyes, Ministro?”
__“Claro que sí”, respondió.
__“Recordará entonces que se pone un buey joven y vigoroso, al par de otro mayor, algo lento pero sabido, que modera los ímpetus del joven. Dos bueyes jóvenes quebrarían la yunta.”
Esa hidalga defensa de los derechos ciudadanos de la tercera edad, señala una debilidad del régimen criticada por muchos, que sin ser decisiva, refleja la superficialidad con que están siendo analizados algunos temas.
Es síntoma frecuente de nuestra patología política cargar a otros las causas de faltas en las que participamos todos, por acción, omisión o evasión de la realidad.
Resulta casi gracioso ver cómo los sectores involucrados en la vida política se culpan unos a otros, como jugadores de baloncesto que se pasan la pelota, no en busca de la canasta, sino huyendo de ella.
Por ejemplo, durante la confrontación post electoral, dirigentes empresariales urgieron a los líderes políticos para que resolvieran el conflicto que estos habían creado.
O sea que el sector privado era observador, no actor. ¡Vaya! ¿Y quiénes financian las campañas, es decir, a los líderes? ¿Y cuántos empresarios son también líderes políticos?
Para otros es JOH quien ha hecho y enredado la madeja.
Y el votante, ¿No es parte del jaleo? ¿No escoge, vota y elige? La lista podría seguir. Pero…, un momento… ¿No se pregunta usted por qué la oposición no es señalada? ¿Nada hizo?
Pues ahí está el detalle, que, silenciosa en lo esencial y ruidosa en lo accesorio, la oposición a menudo dejó hacer y dejó pasar al gobierno durante cuatro años. Hoy sí protesta, porque perdió unas elecciones en las que no debió participar, si de verdad creyó que la reelección era inconstitucional.
El rol de toda oposición es tan grave como el de todo gobierno, y para ejercerlo están las leyes y las calles, salvo en casos de oportunismo o indolencia. Porque la oposición no está clara consigo misma, pierde un tiempo crucial, que corre a favor del dueño de la yunta.
El debate de los políticos es hoy más desalentador que el de la campaña electoral. Pasó el momento de que este quiere quedarse, de que me la robaron, o de que al otro lo dejaron en piyama, o de que aquel es líder pero no inspira. Las inseguridades, divisiones y vacilaciones de la oposición han consolidado la presidencia, hasta el punto de no retorno. Los temas ya son otros.
Se trata de emprender, entre todos, la anhelada concertación nacional, prometida en las campañas electorales y escamoteada por los gobiernos durante todo el intento democrático.
Tampoco se trata del anunciado diálogo, en el que la gente ya no cree, a pesar de que ni siquiera ha comenzado.
Falta entender que el conflicto es más profundo que su apariencia de trifulca partidaria, porque arranca desde antes del fracaso colectivo de 2009. Así de grave es el asunto. La fractura estructural que cuartea la sociedad hondureña podría hundir el país, como por desgracia ocurre en el vecindario, y no es con remiendos de albañilería que podremos contenerla.
Es urgente un debate público de estos temas, desde perspectivas menos personalistas y con criterios más objetivos y pragmáticos.
Para el caso, propongo a usted las siguientes cuestiones preliminares: ¿Desde cuándo y por qué la crisis es estructural, no solamente de personas y de partidos? ¿Por qué no arranca el diálogo? ¿Qué objetivos concretos, no personales ni oportunistas, debe buscar una concertación nacional incluyente y vinculante? ¿Quiénes deberían participar? Y si todo fracasa, ¿Qué podría pasar?
Para que reflexionemos le espero aquí el próximo miércoles. No sobra tiempo.
Tegucigalpa, 22 de agosto de 2018.







