La mayoría de una caravana de miles de migrantes centroamericanos reanudaron este fin de semana, su avance hacia Estados Unidos, tomando lo que algunos llaman la “ruta de la muerte” a través de Veracruz, un Estado considerado como uno de los más mortíferos de México.

La mayoría de los alrededor de 4,000 migrantes se dirigían hacia la ciudad de Córdoba, en Veracruz, a unos 200 kilómetros del punto de partida, el pueblo de Isla, en el mismo Estado. El trayecto del domingo será uno de los más largos hasta el momento, a medida que los viajeros exhaustos intentan llegar a una frontera con Estados Unidos que todavía se encuentra a cientos de kilómetros.

En el camino, los mexicanos comunes y corrientes estaban echando una mano. Catalina Muñoz dijo que compró tortillas a crédito para preparar tacos de frijoles, queso y arroz cuando oyó que la caravana pasaría por su pequeño pueblo de 3,000 habitantes en el Estado vecino de Oaxaca, en camino a Veracruz.
Luego reunió a 15 miembros de su comunidad de Benemérito Juárez para ayudar a hacer los tacos, llenar botellas con agua y llevar fruta a los cansados viajeros en la carretera. Manuel Calderón, 43 años, un migrante de El Salvador, dijo que se sintió bendecido cuando vio a la gente del pueblo esperando con comida y agua.
“No había comido y tenía mucha sed”, dijo, antes de arrojarse una mochila sobre el hombro, colocarse un sombrero de paja en la cabeza y reanudar el largo viaje que tiene por delante.
El domingo, otros que se adelantaron por su cuenta comenzaron a llegar a Puebla y a la Ciudad de México, después de que el grupo mostró divisiones entre los migrantes y los organizadores de las caravanas.
Algunos de los migrantes discutieron abiertamente el sábado con los organizadores de las caravanas cuando se suponía que partirían en autobuses a la Ciudad de México y criticaron a los funcionarios mexicanos por promesas incumplidas. Muchos tienen ampollas en los pies y sufren de tos.
Otros estaban disgustados porque los orientaban hacia el norte a través de Veracruz. Cientos de migrantes han desaparecido en Veracruz en los últimos años, presa de secuestradores que buscan ganar dinero con los rescates.
En septiembre las autoridades veracruzanas dijeron que hallaron restos de al menos 174 personas enterrados en fosas clandestinas, lo que planteó el interrogante de si eran migrantes.







