Tegucigalpa – Hoy se cumplen ocho años de la de la masacre de San Fernando, ocurrida entre el 22 y 23 de agosto de 2010 en Tamaulipas, México, que dejó como saldo 72 migrantes asesinados, varios hondureños en entre ellos, pero sin una cifra clara y sin la repatriación total de los cuerpos de los “catrachos”.
– Más de una veintena de migrantes hondureños murieron aquella fatídica noche y los cuerpos aún no han sido repatriados en su totalidad.

Así lo señaló a Departamento 19 la vicepresidenta del Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos de El Progreso (Cofamipro), Marcia Martínez, quien detalló que en las próximas semanas se podría producir la repatriación de un cuerpo de una de las víctimas originaria de la ciudad de San Pedro Sula.
“Uno de los últimos cuerpos que se recibió fue en julio de 2014 correspondiente a Eva Nohemi Serrato y estamos a las espera de otro que otro que está en proceso de separación”, puntualizó la vicepresidenta de Cofamipro.
Cabe señalar que aunque la cifra aún no es precisada por las autoridades, organismos defensores de los derechos humanos que han dado seguimiento al caso señalan que 23 inmigrantes hondureños murieron en aquella fatídica noche.
Indemnización
A ocho años de la matanza de 72 migrantes en el municipio de San Fernando, Tamaulipas, un hecho calificado como una grave violación a los derechos humanos, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) inició el proceso de compensación para uno de los sobrevivientes y 47 familiares de las víctimas.
El gobierno mexicano indemnizará a las 48 personas de nacionalidad ecuatoriana, quienes son los primeros en recibir estas compensaciones. Sin embargo, el caso involucró también a migrantes de Honduras, El Salvador, Guatemala y Brasil.

De acuerdo a la entrevistada, en el caso de Honduras aún no se habla de indemnización ya que todavía no concluye el proceso de identificación y de repatriación de cuerpos.
“Habrá que analizar a que le llaman indemnizar ellos (gobierno de México) porque ni con todo el oro del mundo van a devolver la vida de las víctimas no que se nos olvide nuestro dolor”, externó Martínez.
Acto seguido, demandó justicia ya que aunque hay confusión en los hechos y en la identificación de víctimas no así en quienes son los asesinos, eso se tiene claro.

La historia
El propio hecho sigue sin ser aclarado por las autoridades, pero algunos medios han informado que todos inmigrantes salieron de la ciudad portuaria de Veracruz (el estado, del mismo nombre, es uno de los principales cruces de indocumentados que van hacia Estados Unidos), en entre dos y tres camiones.
En un informe enviado por la mexicana Fundación para la Justicia al Relator de Naciones Unidas contra la Tortura se menciona el caso de al menos siete guatemaltecos (cinco de ellos de una misma familia) que salieron el 2 de agosto de su comunidad. El 7 de agosto llamaron a sus familiares en Guatemala y les contaron que ya estaban en México, tras caminar cinco días.
El 18 de agosto llamaron de nuevo: ya habían pasado lo que consideraban más peligroso, que era utilizar a La Bestia, una red de trenes que va desde Chiapas, en el sur de México, hasta la frontera con Estados Unidos, pasando por Veracruz. Esperaban cruzar al día siguiente el Río Bravo (conocido en EEUU como Río Grande), que divide a los dos países.
Lo siguiente que sus familiares supieron de ellos, a través de la prensa, es que estaban entre los 72 muertos.
En lo que todos los testimonios coinciden -incluidos informes de funcionarios estadounidenses en México desclasificados gracias la organización National Security Archive- es que alrededor del 22 de agosto, los 72 (algunos hablan de 75) emigrantes fueron detenidos por hombres armados, al parecer todos encapuchados, en una carretera principal entre las poblaciones de Victoria y San Fernando, Tamaulipas, a 145 kilómetros de Brownsville.
Lo que sí se sabe es que los asesinos llevaron a las 72 personas a una bodega abandonada en un sector rural de la población de San Fernando, en el estado mexicano de Tamaulipas, a poco más de 100 kilómetros de la frontera con Estados Unidos.
Los vendaron, los obligaron a apoyarse contra un muro y luego los balearon. Después les dieron tiros de gracia.








